Cuentos

Entre las rodillas y el ombligo

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-Mami, ¿Sabes a dónde va la comida? -Preguntó solo para darse el gusto de corregir a los adultos que siempre entienden todo mal.
Un día, mientras jugaba con su trenza azabache y comía manzana, sintió que los mordiscos bajaban por su garganta como dando pasitos en piso mojado. Corrió a mirarse en el espejo de su cuarto, tenía puesto un vestido de flores que le llegaba hasta la rodilla, el de los martes. Allí parada frente al espejo, empezó a sospechar dónde estaba aquella chocolatina que se había comido el año pasado: en el dedo pequeño del pie.
Y así, mientras miraba cada esquina de su cuerpo, fue encontrando la respuesta. En los dedos de los pies estaban las crispetas de todas las idas a cine y algunos barquillos de vainilla. Entre tobillos y rodillas había sopa de verduras, pasta carbonara, jugo de remolacha obligado, arroz con leche, una cucharada de jarabe para la tos, buñuelos navideños, un chocolate con clavos y canela, y hasta un inoportuno chicle. Luego, se acordó de unos huevos revueltos, media piña, unas tostadas con mermelada, las guayabas de la finca del tío Heriberto, y unos pancakes con miel que seguro estaban entre las rodillas y el ombligo.

-Mami, ¿Sabes a dónde va la comida? Yo te lo puedo explicar. Todo lo que comemos baja por la garganta y llega hasta los pies, estos se van llenando y cuando la comida llega hasta la cabeza, te mueres.

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