Sin categoría

Adiós Lorem ipsum

 

 

 

 

 

PEQUEÑOSISIANO

 

Cópialo aquí:

 


 

Pequeño Sisiano

Su galapor chocó contra un árbol de Titú. ¡Claro! Por andar emplantinado contemplando a esas extrañas letinas. El golpe fue tan gatiloso, que tuvo que desaparecer de la escena del crimen para no levantar mitunos. El pequeño Sisiano ahora se encontraba solito solo en Kreimentiti. Todos los sisianos eran diferentes. Este era mitipluno, honiplón y de nolitos violeta. Cuando se amustaplaba, desprendía un olor a uva silvestre. Tenía la calaceta llena de sazíguas de colores y siempre usaba un vestido de aspaligúas brillantes. Iplúas después del estrapiletor, los papabios de la tribu lo encontraron tatiluño en una babacúa y lo escondieron en sus hamalacas para protegerlo del munetat. Tres iplúas después, el pequeño Sisiano se sentía como en umaca en Kreimentiti. lo Lo que más le gustaba de su nueva umaca era el Ñanamara porque podía jumineciarse junto a las letinas, mientras estas hacían el rito del meneo con un lilito de madera peluda. De izquierda a derecha arnicatlaban el suelo y cantaban versos a la naturaleza. Después del ritual, llegaba la hora umbriaca. Pronto se acostumbró a las titianas, pulines, tekiris, amantarines y cuarigales. Estaba amaltinado, pues en su munetat no había nada de eso. El pequeño Sisiano se sentía amigacitelinado pero feliz. Iba sigaliuno de casa en casa dándoles un zogasopi agradecido. Durante el recorido los amaciguanes del munetat aprendieron un poco de sisianés y se tomaron fitufines para su zazín. El pequeño Sisiano vivió para siempre en su galapor, ese que un iplúa chocó contra un árbol de Titú.


 

Estándar
Sin categoría

CORTOS SALVAJES

ESQUEFANTE

11226008_10152687146002757_7093589550423290648_n

Cuando tuvo al cazador en frente, intentó hacer un trato con él. Como quería conservar los colmillos, le ofreció su colección de laminitas del álbum de Jet. El cazador no se dejó tentar con aquella propuesta y disparó un dardo de sueño. Cuando el elefante se despertó, el álbum ya no estaba.

***

CORANGOSTA

corangosta

Cansada de salir igual en todas las fotos, fue a la peluquería a que le hicieran algo diferente. Lo único que encontró en el revistero fue una colección de corales del pacífico.

***

PULPONGO

 

pulpongo

Vio caballitos de mar cabalgando entre unicornios y salmones dejándose llevar por la corriente. Sus tentáculos hacían coreografías al ritmo de Fruit de la Passion, mientras su mente viajaba por un espacio cósmico. Se había comido un hongo.

***

PESQUELETO

 

pescsdo-mitad

En un afán de supervivencia, decidió tatuarse un esqueleto. Ese día dejó de ser la comida preferida de los tiburones. Ya no lo veían provocativo. La estrategia tuvo tanto éxito en el cardumen, que abrió su propia tienda de tatuajes y no tiene citas disponibles hasta julio del próximo año.

***

Estándar
Cuentos cortos

Delirios ilustrados

Vida de alcantarilla

karma_1

Como era un ratón presumido, se fue a vivir a la cocina del restaurante más famoso de la ciudad. Un día, mientras intentaba alcanzar unas migajas de parmesano, escuchó un ¡clac! que le encalambró la cola. Había caído en una trampa para ratones. Chillando de dolor, rodó por la ventana del tercer piso y fue a dar al fondo de una alcantarilla. No era la primera vez que caía tan bajo, al fin y al cabo, en una de sus otras vidas había sido político.

 

El topo

karma_3

Aún no se había acostumbrado a su nueva vida, pero ya llevaba tres días cavando bajo la tierra. Cuando por fin pudo salir a la superficie, lo recibió un balonazo que lo devolvió al hueco del que había salido. Estaba en la mitad de una cancha de fútbol. “No vi ese balón”, dijo repitiendo las mismas palabras que un día, en su anterior vida, le había dicho a un jugador que le reclamó por no pitar un penal clarísimo en una final. Desde ese momento lo apodaron El Topo.

 

Lágrimas de cocodrilo

karma_4

Vivir bajo las aguas del Amazonas era mejor de lo que había pensado. No era muy diferente a lo que estaba acostumbrado. No pagaba por nada y todos le tenían miedo. Una mañana, mientras perseguía a una iguana, le dispararon un dardo y lo encerraron en un camión. Pronto se convertiría en un hermoso bolso de piel, muy parecido a los que les robaba a las señoras emperifolladas a punta de navajas y pistola, en su antigua vida de ciudad.

 

El pulpo y la sardina

karma_5

Mientras paseaba por la cueva marina, vio a un pequeño pez nadando cerca. Era una sardinita de las que tanto le gustaba perseguir. Así que, sin pensarlo mucho, se la tragó de un mordisco. Pero como las cosas a veces no son lo que parecen, la sardina no era tal, y él terminó convertido en la cena de un restaurante de la costa. Allí, un par de chicas, como a las que constante mente se “topaban” con sus dedos en el transporte público en su vida de humano, picaron en pedacitos sus tentáculos y se los comieron con limón y papitas fritas.

 

El cucarrón amarillo

karma_2

Estaba limpiándose las patas cuando la dueña de la casa apagó la luz del cuarto. Como estaba pegado al bombillo, inmediatamente cayó en picada y se estampó en el piso, con tan mala suerte que quedó patas arriba. Un rayito de luz le dejaba ver a otros insectos que pasaban por su lado, ignorándolo. Mientras él les suplicaba que lo ayudaran a voltearse, se acordó de todas las veces que en su vida anterior le había dicho a la gente que lo paraba en la calle: “Ah no, yo por allá no voy”.

 

Publicado en la revista Bacánika
https://www.bacanika.com/historia/cuentos/item/delirios-ilustrados-karma.html

Ilustraciones
Paola Escobar y Alejandro Mesa

Estándar